
-¿De qué tienes miedo?- preguntó de nuevo Luna con su tono pausado de voz.
- Yo... no lo sé- suspiró Álvaro.
- Entonces, ¿por qué me dices que estás asustado?- preguntó la chica haciendo alusión a la contestación que le había dado Álvaro un rato antes.
- Porque es así como me siento, pero no sé por qué.
- Sí que sabes por qué, Álvaro, pero te avergüenzas de ello.
- De verdad, Luna, no sé por qué tengo miedo.
- Yo sí lo sé.
Se quedaron unos instantes en silencio, Álvaro pensó en un principio que Luna iba a continuar, pero luego recordó que ella nunca decía nada que no le fuera preguntado.
- ¿De qué tengo miedo?- preguntó el chico en un susurro.
Luna se mantuvo callada unos segundos y luego contestó con otra pregunta:
- ¿Qué crees que es el miedo?
- Pues... no sé...- Álvaro vaciló, pero decidió que no podía pasarse toda la vida diciendo "no sé"- es el temor a...
- No vale definir miedo con un sinónimo- le interrumpió Luna con una sonrisa apacible.
- Eh, vale... es la sensación- miró a Luna para comprobar que la definición era de su agrado- desagradable de...
No fue capaz de continuar, no le salían las palabras.
- El miedo no es siempre desagradable, por ejemplo, yo te tengo miedo a ti, pero me caes bien y me gusta estar contigo- comenzó Luna.
- ¿Me tienes miedo a mí?- la interrumpió Álvaro, completamente incrédulo.
Luna se mantuvo en silencio, hasta que Álvaro se disculpó por haberla interrumpido y la dejó continuar.
- El miedo es una sombra que se cierne sobre nosotros, una oscuridad que cubre nuestras miradas y nos impide ver con claridad, porque no queremos ver. Cuando tenemos miedo es porque hay alguien o algo que nos hace creer que va a ocurrir una desgracia, una mala situación, algo que nos desagrade. No tenemos la certeza de que un lobo hambriento nos vaya a devorar si nos lo encontramos cuando estamos perdidos en el monte, pero tenemos miedo de que eso ocurra.
- Es que es lo más probable... perdóname, Luna, sigue, por favor.
- El miedo nos bloquea, nos hace tomar decisiones precipitadas. El miedo se esconde en nuestro interior, es una bestia negra que nos quiere proteger, es una profecía de una desgracia, es un amigo que nos puede ayudar a ser precavidos y un enemigo que nos puede conducir directamente a la barca de Caronte.
Luna calló.
- Entonces, eso es el miedo- dijo Álvaro algo inseguro.
La chica asintió.
- ¿A qué tengo miedo yo?
Luna no contestó, simplemente le miró largamente con sus ojos azules cristalinos, luego desvió la mirada hacia el ventanal de la mansión. Estaba esperando a que Álvaro se contestara a sí mismo.
- Yo... le tengo miedo a... ¿los demás? Sí, a lo que piensen los demás por verme contigo- ya no le importaba poner estos pensamientos en voz alta, estaba seguro de que Luna ya sabía todo eso.
- Eso es lo que tú quieres creer- murmuró Luna volviendo a mirarle-. Quieres creer que temes a Lidia por lo que piense de nosotros, quieres creer que tienes miedo de que ella te obligue de algún modo a dejar de verme. Pero no es eso, porque tú y yo sabemos que esa decisión solo la puedes tomar tú. Te tienes miedo a ti mismo. Tienes miedo a levantarte una mañana y dejar de venir a verme, condenarme al destierro, a la soledad; tienes miedo de no ser lo bastante fuerte como para olvidar las tonterías de Lidia y los demás; tienes miedo de irte a lo fácil y volver a tu vida de antes, una vida donde yo no existo. En el fondo tienes miedo de no saber superar este obstáculo y dejarte caer en la autocompasión y autojustificación, diciéndote que nuestra amistad era imposible. Y tienes miedo a todo esto porque sabes que sí es posible.
Ambos se callaron, no había nada más que decir. Al cabo de unos minutos, Luna rompió el silencio:
- Es tarde.
Álvaro se levantó, dispuesto a marcharse sin despedirse, como siempre, ya que a Luna no le gustaban las despedidas, en una ocasión las llamó "palabras vacías". Cuando ya estaba en la puerta del salón de baile de los Von Draken se giró y preguntó:
- ¿Temes a Lidia?
- En absoluto.
- ¿Y a mí?
- Eso ya lo sabes.
- ¿Qué puedo hacerte yo, que soy tu amigo, que no puede hacerte Lidia, que te hace la vida en el instituto imposible?
- Tú puedes olvidarme.
No es la continuación de la entrada anterior, es sólo otro fragmento de la misma historia, posiblemente posterior, escribiré salteadamente pequeños trocitos de este relato, la verdad es que tanto los personajes como la historia me han cautivado.